Subsidios empresas: En medio de un brutal ajuste que recae con fuerza sobre jubilados, discapacitados y trabajadores, el presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, benefician con ingentes subsidios a las 500 mayores empresas del país, evidenciando una asimetría escandalosa en las políticas públicas.
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Según publicó Minuto Uno, el análisis fue realizado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas.
La brutal asimetría del ajuste libertario
El Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas desarmó el relato oficial y echó por tierra el mantra liberal sobre la supuesta presión fiscal asfixiante. Mientras el Gobierno se ensaña con los sectores más débiles, beneficia a los más acomodados, configurando una dinámica de intervención estatal asimétrica que profundiza la crisis fiscal.
El informe advierte que la carga tributaria sobre las 500 corporaciones más grandes ha experimentado una erosión ostensible. A través de regímenes promocionales y estrategias de planificación fiscal agresiva, estas firmas mantienen beneficios mientras el esfuerzo tributario se traslada progresivamente hacia los trabajadores y perceptores de ingresos fijos.
Captura corporativa y falta de contraprestaciones
Este proceso refleja una clara captura corporativa del Estado, donde las políticas públicas quedan subordinadas a la capacidad de incidencia de los grupos económicos concentrados. En 2024, los beneficios alcanzaron los 2.950 millones de dólares, representando el 18% de las ganancias antes de impuestos de estas compañías.
El Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas denuncia que este sacrificio fiscal carece de contraprestaciones efectivas. Los beneficios se concentran en sectores extractivos, servicios públicos y la intermediación comercial, consolidando una estructura productiva reprimarizada y simplificada, sin resultados en términos de desarrollo tecnológico o soberanía económica.
El informe concluye que, al no estar sujetos a metas ni plazos, estos incentivos se transforman en una transferencia permanente de recursos públicos hacia el capital concentrado. Lo que debería ser un instrumento de desarrollo se convierte en una prebenda difícil de revertir, desvinculada de cualquier objetivo de bienestar para las grandes mayorías.
