A pocos días del arribo del Papa León XIV a Argentina, una silenciosa y tensa puja protocolar entre la Casa Rosada y el Vaticano ha generado un fuerte revuelo. Mientras el Gobierno intenta contener las versiones sobre supuestas exigencias presidenciales, trasciende que una decisión política del Pontífice habría descolocado a Balcarce 50.
Papa León XIV
Según informó, Infobae y Minuto Uno, existe una marcada tensión diplomática en torno a la organización de la visita papal.
La desmentida oficial ante los rumores
El canciller Pablo Quirno rechazó de manera categórica las versiones que circulaban sobre la organización de la llegada del Papa León XIV y la supuesta exclusión de la vicepresidenta Victoria Villarruel. A través de la red social X, el funcionario calificó como “FALSO y FALSO” los trascendidos que señalaban condiciones impuestas por la administración de Javier Milei.
Quirno fue contundente al afirmar que no existió un pedido formal para que el Presidente subiera al avión a recibir al Santo Padre, ni tampoco una intención del Poder Ejecutivo de cancelar la presencia oficial de Victoria Villarruel en los actos, intentando así despejar las dudas sobre el protocolo de la visita.
La incomodidad en el Vaticano
A pesar de la postura oficial, persiste una silenciosa puja protocolar. El protocolo vaticano establecía que el Presidente debía aguardar en la pista de Aeroparque, pero un pedido formal de la Cancillería habría alterado esa previsión. La propuesta presidencial de saludar al Papa dentro del avión y descender juntos por las escalerillas habría generado una fuerte incomodidad en la diplomacia papal, que hasta el momento ha optado por el silencio como respuesta.
Esta disputa se desarrolla en un contexto de definiciones políticas que tensionan la relación entre el Gobierno y la Santa Sede. Mientras la Casa Rosada se mantiene sin una respuesta formal por parte del Vaticano, la incertidumbre sobre cómo se llevará a cabo el primer contacto oficial en territorio argentino crece a medida que se acerca la fecha del arribo.
Con el Papa León XIV próximo a aterrizar en Buenos Aires tras su escala en Uruguay, la tensión entre las partes se mantiene latente, dejando en evidencia las diferencias sobre el desarrollo de un evento que el Gobierno insiste en presentar como una fiesta para todos los argentinos.
