Fletero del horror el oscuro: El sospechoso, llamado como el célebre escritor, fue detenido por la Federal al salir de un parador para personas en situación de calle. Era el último sospechoso en la lista de un crimen grotesco rodeado de droga y lumpenaje
fletero del horror el oscuro
Hay quien diría que este país se escribe sólo al leer esta historia: un hombre llamado Horacio Quiroga -como el célebre escritor de cuentos de terror, autor de cuentos como La gallina degollada – buscado por un descuartizamiento. Es así. No hay un gramo de ficción en esta línea.
El jueves 10 de septiembre, la División Homicidios de la Policía Federal arrestó a Mariano Horacio Quiroga al salir de un parador para personas en situación de calle de la zona de Constitución. El Tribunal Oral N°29 lo buscaba para llevarlo a juicio por el brutal crimen de Sebastián Balbuena González , alias “El Uruguayo”, barra de un club del Ascenso, baleado, castrado, y mutilado el 19 de abril de 2025 en un aguantadero de la calle Guaminí.
Sus restos, ya putrefactos , terminaron descartados tres días después en un tacho azul , de los que se usan para cargar productos químicos, a la vera de un paso a nivel en La Tablada, jurisdicción de La Matanza. Otros seis sospechosos habían sido acusados y detenidos el año anterior. Horacio Quiroga era el último en caer.
Hablar del “indigente descuartizador” parece una tentación editorial. Lo cierto es que, según la acusación en su contra, en un expediente minuciosamente investigado por el fiscal Diego Rulli de la UFI de Homicidios de La Matanza, Horacio Quiroga participó del crimen, pero no del corte , no de la mutilación. El cadáver fue llevado al paso a nivel de La Tablada en una camioneta Ford Transit vinculada una empresa de transportes.
Quiroga, de acuerdo a la imputación, trabajaba para esa empresa: habría sido el fletero al volante.
Para entender la dimensión del crimen de “El Uruguayo”, una trama sumida en la droga y el lumpenaje, primero hay que entender a sus jugadores, y el daño que sufrió el cadáver. Cristian Javier Fernández, alias “Pucho de Liniers” , Kevin Nahuel Andrada, sobrino de “Pucho”, Rodrigo Nicolas Hildt, Micaela Cuellas alias “La Pochi” y Gonzalo Sanchez Dimarco, alias “El Mexicano”, son los imputados detenidos hasta ahora, para los que la UFI de Homicidios matancera pidió la prisión preventiva y la incompetencia para que la Justicia porteña -ya que el crimen ocurrió en CABA- tome el caso.
Para el fiscal Rulli, fue una carnicería insensata. Los asesinos aumentar “en forma deliberada y cruel” el sufrimiento del “Uruguayo”, matándolo de manera perversa e innecesaria". Lo atacaron dormido, luego de que “La Pochi” lo acusara de abusar sexualmente de ella.
La carnicería de Mataderos
La autopsia indicó que, al “Uruguayo”, primero, todavía con vida, le amputaron dos dedos de la mano derecha. Más tarde, le dieron un tiro en la cabeza con una pistola calibre .22.
No contentos con balearlo en el cráneo y rebanarle los dedos, sus asesinos le dieron una paliza: con un palo, o un caño, “le propinaron múltiples golpes provocándole fractura nasal y del maxilar inferior, y fractura con hundimiento de cráneo frontoparietal izquierda, provocando así un daño neurológico severo”, afirma un reporte del caso. Ese daño, finalmente, le causó la muerte. Ya muerto, le cortaron el pene y la mano izquierda.
Días después, la banda movió el cadáver. “Pucho”, su sobrino y “El Mexicano” Dimarco se habrían encargado de semejante faena. Lo envolvieron en bolsas de corralón, cubriendo su cabeza con un trapo. La camioneta Transit, parte de una empresa, fue simple de ubicar: el nombre de la empresa, radicada en Ciudadela, estaba impreso en la carrocería. Era, básicamente, un chivo andante. Los transportistas del cadáver del barrabrava pedían a gritos que los encuentren.
Dos personajes declararon en el caso. Una fue “El Mexicano” Dimarco, que reconoció el hecho. El segundo fue el jefe de Quiroga en la fletera , que afirmó que le encomendó el viaje al detenido en Constitución.
Quiroga mismo también declaró al comienzo de la causa, sin ser detenido. Afirmó que cuatro hombres cargaron el tacho azul en la calle Guaminí , para descartarlo en La Tablada y luego regresar a Mataderos. La empresa de rastreo satelital que protegía a su camioneta confirmó el recorrido.
Su pedido de captura llegaría poco después. La imputación en su contra es la de encubrimiento agravado por ser el hecho precedente un delito especialmente grave , tal como definió el fiscal Rulli.
