Israel celebra este martes elecciones legislativas que definirán la composición de la Knéset y pondrán a prueba la prolongada permanencia en el poder de Benjamin Netanyahu, en un contexto de fuerte polarización interna y creciente aislamiento internacional tras los ataques de Hamas.
Benjamin Netanyahu
Según publicó Ámbito, la jornada electoral en Israel se desarrolla bajo un clima de alta tensión política.
Un sistema parlamentario en disputa
La contienda enfrenta al Likud, el partido de derecha que conduce Netanyahu, contra un bloque opositor que busca desplazarlo del cargo. Entre los principales referentes de la oposición se encuentran Gadi Eisenkot, líder de Yashar; Naftali Bennett y Yair Lapid, quienes integran la lista Juntos; además de Defensa Avigdor Lieberman y Yair Golan, al frente de los Demócratas.
Por su parte, el oficialismo depende de una alianza con sectores de ultraderecha y ultraortodoxos, incluyendo a Poder Judío, de Itamar Ben Gvir; el Partido Sionista Religioso, de Bezalel Smotrich; Shas y Judaísmo Unido. Asimismo, las listas Ra y la Lista Conjunta se presentan como actores clave que podrían influir en las negociaciones posteriores, aunque los bloques mayoritarios han descartado integrarlas a una coalición.
El mecanismo electoral y el desafío de formar gobierno
En Israel, los ciudadanos votan por listas partidarias para ocupar las 120 bancas del Parlamento. Para acceder a una representación, cada fuerza debe superar el piso electoral del 3,25%. El resultado no determina automáticamente al primer ministro, ya que para formar un Ejecutivo se requiere el respaldo de al menos 61 diputados, lo que obliga a intensas negociaciones tras el escrutinio.
Las encuestas previas a la veda reflejan un escenario sin mayorías claras. Sondeos de Channel 12 y Channel 13 proyectan una paridad entre el bloque opositor y la coalición oficialista, dejando el resultado final sujeto a la distribución de escaños entre los partidos más pequeños y la capacidad de los líderes para cerrar acuerdos.
El principal desafío para Netanyahu radica en retener el apoyo de sus socios en medio de las críticas feroces por la gestión de la guerra y las diferencias sobre el servicio militar. Mientras tanto, la oposición intenta capitalizar el desgaste de su figura, dejando el rumbo político y de seguridad de Israel en una incertidumbre que se definirá en las urnas.
