Duro golpe al relato: Un informe de la consultora QSocial expuso una realidad económica que choca de frente con el discurso del Gobierno: el 82% de los hogares argentinos admite tener al menos una deuda, mientras que un 36% reconoce estar en mora o directamente imposibilitado de cumplir con sus compromisos financieros.
Duro golpe al relato
Según publicó noticiasargentinas, Agencia Noticias Argentinas, Encuesta: el dato sobre el endeudamiento de las familias que contradice el relato del Gobierno.
El peso de las deudas en los hogares
El estudio detalla que, además del 36% que presenta atrasos, un 32% adicional logra pagar sus obligaciones pero con un esfuerzo extremo. Entre los compromisos más frecuentes, lideran las compras en cuotas (57%), seguidas por préstamos de familiares o amigos (46%) y créditos tomados a través de aplicaciones o financieras (44%).
La radiografía de la deuda se completa con un 41% de familias que adeuda servicios o impuestos, un 38% con tarjetas refinanciadas o por las que paga el mínimo, un 34% préstamos personales bancarios, y un 9% créditos hipotecarios o prendarios.
Desaprobación y distancia con el relato oficial
El director de Opinión Pública de QSocial, Lucas Klobovs, advirtió sobre la creciente brecha entre la narrativa del Presidente y la experiencia cotidiana de los ciudadanos. Según el relevamiento, solo el 12% de los encuestados percibe un crecimiento económico que alcance a la mayoría, mientras que el 34% considera que está en retroceso y el 22% la ve estancada.
Este escenario impacta directamente en la imagen del mandatario. En septiembre, la desaprobación de la gestión de Javier Milei alcanzó el 61%, frente a un 35% de aprobación. Aunque el respaldo había tocado un piso del 31% en junio, la recuperación posterior no logra disipar el descontento social ni la percepción de que el discurso oficial ignora la realidad económica de las familias.
El informe concluye que el mayor riesgo para la administración actual es que la sociedad no logre identificarse con la economía que describe el Presidente, profundizando así la distancia política en un contexto de fragilidad económica.
