Si separamos el juego de las simpatías personales, una de las formas más comunes de medir el peso de un participante en Gran Hermano es preguntarse: ¿qué porcentaje de las conversaciones de la casa giran alrededor de esa persona? Y en ese sentido, Sol Abraham parece ocupar un lugar central.
Tanto quienes la apoyan como quienes la cuestionan terminan hablando de ella constantemente.
En los realities suele ocurrir que los jugadores más relevantes no son necesariamente los más queridos, sino los que generan contenido. Las discusiones, las estrategias, las alianzas, las críticas y los debates suelen concentrarse alrededor de quienes provocan reacciones en el resto de los participantes. Si gran parte de la casa la nombra, la enfrenta o analiza sus movimientos, eso indica que tiene influencia dentro de la dinámica del juego.
También es cierto que una buena jugadora de reality no siempre es quien toma las mejores decisiones, sino quien logra mantenerse en el centro de la historia. Los errores, las polémicas y las contradicciones muchas veces terminan generando más contenido que un juego prolijo pero silencioso. Y ahí es donde aparecen los clips, los debates en redes y las discusiones entre los seguidores del programa.
La gran incógnita, es qué terminará premiando el público. Históricamente hubo ganadores queridos por su perfil humano y bajo perfil, pero también participantes que llegaron muy lejos porque fueron protagonistas absolutos de la temporada. Si esta edición sigue girando alrededor de Sol, la pregunta no será si fue protagonista, porque eso parece difícil de discutir, sino si los espectadores valorarán ese protagonismo o decidirán castigarlo en las votaciones. Ahí estará la verdadera definición del juego.
