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Un cura amigo de Rosa Torino, fue condenado a 17 años de prisión por violar a seminaristas

El cura Nicolás Parma fue condenado hoy a 17 años de prisión efectiva, más las costas del juicio, por el delito de abuso sexual en la causa que le iniciaron dos menores cuando eran seminaristas en la parroquia Exaltación de la Cruz en Puerto Santa Cruz, ubicada a 250 kilómetros de Río Gallegos.

El presidente de la Cámara Oral Penal Joaquín Cabral leyó la sentencia de la condena “a 17 años de prisión de cumplimiento efectivo y al pago de las costas del proceso por considerar a Parma “autor penalmente responsable del delito de abuso sexual simple doblemente agravado por haber sido cometido por un ministro de culto, encargado de la educación y guarda de menor conviviente de 18 años en concurso real con abuso sexual gravemente ultrajante doblemente agravado por haber sido cometido en la modalidad continuada” contra otro menor, de acuerdo a varios incisos del artículo 119 del código penal. La sentencia, en los primeros puntos, determinó la nulidad de la figura de corrupción de menores por “defectos técnicos y jurídicos de procedimiento”. El acusado siguió la transmisión vía Zoom desde la comisaría de Puerto Santa Cruz donde se encuentra alojad, mientras que las víctimas Yair Gyurkovitz y Jonatan Alustiza lo hicieron desde sus lugares de residencia actual en Cafayate (Salta) y Pergamino (Buenos Aires). Conocida la sentencia, el abogado defensor Cristian Arel anticipó que “no estamos de acuerdo. Vamos a reiterar el pedido de absolución en casación”. El fiscal del proceso, Iván Saldivia, dijo a medios locales que “vamos a tener que leer los fundamentos de la nulidad por corrupción de menores, que, para nosotros, estaba acreditada. Igualmente es importante la sentencia de 17 años, cuando habíamos solicitado 20 años”. “No nos cansaremos de pedirle perdón en nombre de la Iglesia a las víctimas sabiendo que nada va a resolver sus heridas, pero sí nos queremos hacer cargo del tema, porque también como dice el papa Francisco, de nada sirve esconder la cabeza como el avestruz”, dijo Jorge García Cuerva, obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego con sede en Río Gallegos. El prelado dijo que en septiembre de 2019 le acercó personalmente a Parma, en su lugar de detención en la ciudad de Puerto Santa Cruz, la sentencia de expulsión del estado clerical que resultó de un proceso canónico iniciado en el año 2017, cuando se conocieron las acusaciones contra el sacerdote. “En todo momento negó los cargos, como fue su postura hasta el final de este juicio”, dijo sobre la postura de Parma. García Cuerva advirtió que también fue suprimida por el Santo Padre la Congregación Los Discípulos de San Juan Bautista, creada en Salta por el sacerdote Rubén Agustín Rosa Torino, condenado en una causa similar a 12 años de prisión en julio pasado por la justicia de esa provincia por abusar de varios chicos, entre ellos, los mismos que acusaron a Parma. “La Congregación como tal no existe más, porque fue suprimida por el papa Francisco en una expresión de lo que la Iglesia en los últimos años ha intentado, que es hacerse cargo absolutamente de estos casos, que se lleve adelante el proceso judicial y buscar la verdad”, sentenció el Obispo. También aclaró que “ni el Vaticano, ni el obispo monseñor D’Anibale fueron cómplices de que Parma fuera enviado a España (tras las denuncias) sino que al contrario, llevaron adelante toda la investigación como hubo que hacerlo”. “Fue una cuestión interna de la Congregación, que lo mandó a España donde también tiene una casa y por eso también, como de alguna manera había una conducta sistémica dentro de este Instituto de vida consagrada, es que el Papa lo suprimió”, agregó. García Cuerva recordó que hay una carta de Francisco del 10 de junio pasado, dirigida a un cardenal de Alemania, “cruda y contundente” sobre el tema.

Agustín Rosa Torino, que en 2006 fundó la congregación “Discípulos de Jesús San Juan Bautista”, recibió doce años de prisión efectiva por abusar de una ex monja y dos ex novicios, aunque el hombre de “fe” acumula más de diez acusaciones en la Justicia Canónica, que nunca avanzaron.

La Congregación de Rosa Torino, supo abrir sedes en el extranjero, como México y Chile, pero sobre todo se desparramó por Argentina, llegando a la localidad de Puerto Santa Cruz.

La condena al sacerdote que permanecía con domiciliaria desde 2016, es un mensaje fuerte para el avance de la investigación de este tipo de delitos, en los que la iglesia, tal como lo dijo la fiscal Verónica Simesen, no colabora en absoluto, ni siquiera revelando sus registros.

Pero el fallo no es un cierre para las víctimas, ya que algunas de ellas, incluidos los dos novicios que denunciaron a Rosa Torino, también fueron abusados por otro cura, Nicolás Parma, en la provincia de Santa Cruz. El juicio contra el ex sacerdote Nicolás Parma se realizaría la primera semana de octubre.

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