La virgen de la tosquera: Con una atmósfera cargada de tensión y desamparo, la obra cinematográfica que adapta los cuentos de Mariana Enríquez se posiciona como la apuesta argentina para los Oscar 2027, transformando la crisis social de 2001 en una pieza fundamental del gótico latinoamericano.
La virgen de la tosquera
Según publicó Infobae, Dirigida por Laura Casabé y.
Una mirada política sobre el terror
La película, dirigida por Laura Casabé y con guion de Benjamín Naishtat, logra capturar la desesperación de un verano marcado por el colapso social. A través de la historia de Natalia, una joven que enfrenta la pérdida de sus padres y un entorno hostil, el film utiliza el género de terror no como una vía de escape, sino como una herramienta para diseccionar la desintegración social de aquel entonces.
La trama entrelaza dos relatos de Mariana Enríquez, explorando cómo la rabia y el deseo reprimido pueden manifestarse de formas sobrenaturales. Según Infobae, la directora buscó evitar la romantización de la miseria, optando por convertir el dolor y el desamparo en una narrativa política potente que resuena con la memoria colectiva del país.
Desafíos de producción y rodaje federal
El proceso de creación enfrentó obstáculos económicos significativos debido a la coyuntura nacional. Ante la incertidumbre presupuestaria, el equipo optó por una solución creativa: trasladar gran parte del rodaje a Mendoza, aprovechando los incentivos locales. Esta decisión permitió concretar el proyecto, aunque la ambientación principal de la historia se mantiene en Ezeiza.
El casting también se alejó de los circuitos tradicionales, buscando talentos en todo el país. Dolores Oliverio, bailarina sin experiencia previa en cine, fue elegida para el papel protagónico, destacándose por su disciplina corporal. El elenco se completa con figuras como Fernanda Echevarría y la participación especial de Dady Brieva, quien se sumó al proyecto tras conectar con el guion.
Estética y atmósfera del gótico latinoamericano
La película destaca por un diseño sonoro disruptivo y una fotografía a cargo de Diego Tenorio, que prioriza la subjetividad de la protagonista. La elección de filmar con distancias focales cortas y primeros planos busca generar una sensación de amenaza constante, inspirándose en referentes como Lucrecia Martel y Roman Polanski.
Para Mariana Enríquez, ver su obra adaptada en este contexto de resistencia cultural es un símbolo de la fuerza de los creadores locales. La película no solo se consolida como una pieza de género, sino como un testimonio de una época que, a través de la lente del terror, sigue interpelando al presente.
Con su preselección para los Oscar 2027, la obra de Casabé se consolida como un hito reciente del cine nacional, demostrando que la capacidad de narrar la historia a través del género fantástico sigue siendo una de las herramientas más eficaces de nuestra cultura.
