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La localización del celular, sitúa a Vaccarella en la escena y la familia de Lautaro insiste en que “no fue un accidente”

La localización del celular, sitúa a Vaccarella en la escena y la familia de Lautaro insiste en que “no fue un accidente”

La familia de Lautaro Ramasco, el joven que murió tras recibir un piedrazo en la cabeza en avenida Tavella, reclama un giro en la investigación. Denuncian contradicciones en la versión oficial, señalan a un tercero que lo habría amenazado de muerte meses antes y aportan pruebas, entre ellas conversaciones de WhatsApp que coinciden con las amenazas.

El 9 de diciembre de 2024, Lautaro Ramasco circulaba en su auto por avenida Tavella cuando sufrió un golpe fatal en la cabeza. Según la hipótesis fiscal, dos hombres en situación de calle discutían y uno de ellos arrojó una piedra que, de forma accidental, impactó en el vehículo de Lautaro e ingresó por la ventanilla abierta. El joven murió días después debido a una fractura y hundimiento de cráneo. Sin embargo, su familia descree de esta versión y apunta a Gustavo Vaccarella, expareja de la entonces novia de Lautaro.

En diálogo exclusivo con FM Aries, Rocío, hermana de la víctima, desglosó los puntos que, a su entender, demuelen la hipótesis oficial: “Esto no fue un accidente”, aseguró, basándose en la información recabada por la familia y que incluye registros de geolocalización, pericias médicas y amenazantes mensajes de texto.

Amenazas previas y chats incriminatorios

Según consta en el expediente judicial al que tuvo acceso Aries, meses antes del fatal desenlace, Lautaro había denunciado a Vaccarella por una agresión física en la que le propinó patadas y piñas en presencia de sus hijos, causándole lesiones en el rostro. Pero las agresiones no quedaron ahí: los familiares de Lautaro lograron recuperar mensajes de una sesión de WhatsApp Web abierta, en los que Vaccarella profería insultos y amenazas sostenidas no solo contra él, sino también contra su hija de 9 años y su hermana, quien padece una discapacidad intelectual.

A esto se suma la declaración testimonial de un compañero de trabajo de Lautaro, quien aseguró ante la UGAP haber escuchado a Vaccarella decirle a la víctima: “De diciembre no pasás”. Las capturas de pantalla proporcionadas por la familia muestran mensajes de Vaccarella a Lautaro con tono amenazante. En una de ellas, se lee: “En serio vas a joder? Cuando uno toma una decisión siempre hay cosecuencias. Ahora atenete a las mismas! [sic]”, junto a un audio enviado el 23 de noviembre de 2024.

Otra imagen escalofriante data del mismo día del fatídico suceso, el 9 de diciembre de 2024. Allí, Vaccarella envía la foto de un Peugeot 208 blanco con el mensaje “No te relajes”, junto con datos del DNI y dominio del vehículo. El Peugeot 208 blanco era el auto en el que se movilizaba Lautaro.

Las contradicciones sobre el “orificio” en el vidrio

Uno de los puntos más críticos señalados por la familia es el estado de la ventanilla del auto de Lautaro al momento de los hechos. La versión oficial sostiene que el vidrio estaba bajo, permitiendo el ingreso del piedrazo. Sin embargo, Rocío asegura que las cámaras de seguridad no muestran el vidrio bajo y que las primeras personas que lo asistieron declararon que el vidrio estaba cerrado, al igual que las puertas.

“Para asistirlo, tuvieron que ‘meter los dedos por el orificio que había hasta poder abrir la puerta'”, relató Rocío, agregando que esta versión coincide con el fragmento de vidrio encontrado por amigos de Lautaro en el lugar del hecho, días después. “El orificio era apenas del tamaño de dos dedos, insuficiente para el ingreso de una piedra de 8 por 9 centímetros”, argumentó.

La sospecha de que la versión oficial es inconsistente se vio reforzada por los propios médicos que atendieron a Lautaro, quienes habrían señalado que la lesión no era compatible con un siniestro vial. La autopsia describe la herida como causada por “un elemento contundente de aproximadamente tres centímetros”, una descripción que, según Rocío, se aleja considerablemente de la hipótesis de la piedra. De hecho, un oficial de policía de la comisaría de San Remo se habría comunicado con Rocío en la madrugada del 10 de diciembre para pedirle que radicara la denuncia, argumentando que la lesión no coincidía con un accidente.

Geolocalización: ¿Vaccarella en el lugar de los hechos?

Una de las pruebas más contundentes aportadas por la familia es la geolocalización del teléfono de Vaccarella. Según informaron, los registros lo ubican en el lugar del hecho el 6 de diciembre, días antes de la muerte de Lautaro, y el mismo 9 de diciembre por la mañana. En esta última fecha, se detectó una permanencia de “más de una hora” en el lugar donde solía dormir Quispe Cejas, la persona actualmente imputada. Otros registros ubicarían a Vaccarella en fechas anteriores frente al edificio donde residía Lautaro.

Un juicio con una sola hipótesis

A pesar de estos elementos, la causa avanza hacia el juicio con la hipótesis original de una pelea entre hombres en situación de calle de la que derivó “un elemento contundente” que impactó fortuitamente contra el auto de Lautaro. El fiscal López Soto habría comunicado a la familia que se pediría la elevación a juicio sin incorporar los elementos que intentaron aportar. Rocío lamentó que la fragmento de vidrio con el orificio no pudo incorporarse a tiempo al expediente debido a demoras en la constitución de la familia como querellante.

Denuncias cruzadas y allanamientos cuestionados

Tras radicar la denuncia por la muerte de su hermano, Rocío asegura que Vaccarella multiplicó las denuncias en su contra, avanzando con una celeridad que sus propias presentaciones nunca tuvieron. Incluso, una oficial de la UGAP fue separada de su cargo por supuestamente haber alertado a Vaccarella sobre los allanamientos antes de que se concretaran.

Rocío también se refirió al mensaje de WhatsApp que Vaccarella le envió mientras ella viajaba tras enterarse del delicado estado de salud de su hermano. Al confrontarlo con la sospecha de que él tuviera algo que ver, él le reprochó no haberlo escrito antes, “cuando se hacía el langa”. “Desde ese día, me pregunto qué hubiera pasado si yo lo hubiera escrito antes. ¿Qué me quiso decir, Lautaro estaría vivo?”, se cuestiona con angustia.

La audiencia de acusación estaba prevista para el 9 de septiembre, pero fue reprogramada para octubre. La familia de Lautaro Ramasco sigue luchando para que la justicia no se quede solo en la hipótesis más sencilla y profundice en las líneas de investigación que apuntan a un tercero con motivos y amenazas previas.

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